¿Quién mirando a las nubes
no ha visto figuras reconocibles más de una vez?
Animales, personas, cosas…
(sugiero mirar las fotos que abren la entrada a esta entrada al blog a modo de
ejercicio visual) imágenes que nuestros ojos no ven, pero que nuestra mente
interpreta. Se trata de pareidolias.
Es inútil intentar buscar
el significado de pareidolia en el
diccionario de la R.A.E., ya que ésta no recoge el término; sin embargo hay
otra enciclopedia que, aún no siendo oficial, si que lo define, la Wikipedia:

La pareidolia (derivada etimológicamente del griego eidolon (εἴδωλον): ‘figura’ o ‘imagen’ y el prefijo para (παρά): ‘junto a’ o ‘adjunta’) es un fenómeno psicológico donde un estímulo vago y aleatorio (habitualmente una imagen) es percibido erróneamente como una forma reconocible. (https://es.wikipedia.org/wiki/Pareidolia).
Las pareidolias son un efecto muy común que nos suceden a todos, pero
que muchas veces se utilizan de manera interesada para dirigir nuestra atención
hacia algo en concreto y con un propósito determinado. Así, hay grupos de
personas que dentro de ámbitos, llamémoslos “pseudo investigadores” intentan
hacernos ver y creer, por ejemplo, la existencia de la vida o sus restos en
Marte, basándose en fotografías de la Nasa a las que aplican sus peculiares pareidolias interpretativas.
Pero quizás una de las pareidolias más simpáticas con las que
me he encontrado ha sido con el caso de una planta (peregrinus senecio) que se ha puesto de moda en Japón porque sus
hojas parecen delfines saltando.
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